26.11.2025 - 00:37h
El cierre del año trae siempre balances, pero en el sector deportivo las cuentas nunca terminan de cuadrar. Antes de que finalice 2025, el Ministerio de Deportes debería presentarse ante el Parlamento, un trámite que se ha convertido más en obligación formal que en verdadera rendición de cuentas. Entre tanto, otro jugoso paquete de más de 3.000 millones será inyectado para “promover el deporte nacional”, aunque la promoción real siga siendo un espejismo.
El reparto, seguro seguirá el mismo patrón de siempre: federaciones que no organizan competiciones, que no generan atletas destacados y que a veces ni siquiera mantienen actividad mínima, continuarán recibiendo asignaciones que van desde 500.000 francos hasta cifras que superan con comodidad millones de Xfa mensual. Una lluvia de dinero que cae siempre sobre los mismos paraguas.
Y aquí surge la pregunta que nadie responde: ¿Quién dirige este negocio redondo?
Porque negocio hay. La fórmula es conocida: federaciones que operan como estructuras fantasma, con dirigentes que justifican la subvención mediante informes internos que rara vez son verificados; proyectos de promoción que no pasan del papel; compras de material inexistente o sobrevalorado; y un ministerio tutor que mira hacia otro lado mientras las cifras se evaporan sin dejar rastro deportivo.
El silencio del Ministerio de Deportes se ha vuelto casi institucional. Ausente ante la falta de actividades, nunca exige resultados reales, pero aparece puntual cuando se necesitan exhibiciones para los cumpleaños del jefe de Estado, del vicepresidente de la República o de la Primera Dama. Es un deporte ceremonial, sin atletas pero con alfombra roja; sin torneos pero con fotografías oficiales.
Mientras tanto, los verdaderos protagonistas, los deportistas entrenan en muchas federaciones, sin infraestructura, sin material digno y sin apoyo efectivo. El país celebra cada año el “compromiso con el deporte”, pero la práctica real sigue siendo la gran ausente en el presupuesto.
El Parlamento tiene ante sí la oportunidad y la responsabilidad de romper este ciclo. Preguntar, exigir, auditar. Pero, como ya es tradición, falta ver si habrá voluntad política para destapar un sistema que ha beneficiado silenciosamente a demasiados.
De momento, lo único seguro es que el año terminará como empezó: con millones desembolsados, federaciones fantasmas satisfechas y un ministerio que prefiere no sudar ni una gota.



27.11.2025 | 08:47h