27.10.2025 - 06:45h
Tras el empate sin goles en la ida disputada en el estadio de Mosom (Ebibeyin), el conjunto ecuatoguineano llegaba con aspiraciones legítimas de dar un golpe de autoridad, pero la realidad del juego mostró un escenario muy distinto. Los errores defensivos, la falta de ritmo en el medio campo y la inseguridad en la portería marcaron el desarrollo del encuentro. El tanto del 15 de Agosto, anotado en el minuto 80 cuando el marcador ya señalaba un 3-0 adverso, fue apenas un consuelo en un partido ampliamente dominado por el rival.
Uno de los momentos más criticados fue el cuarto gol sudafricano, en el que el guardameta Loïc Owono dejó ver una notoria falta de confianza. Este episodio evidenció un problema recurrente en el equipo: la fragilidad psicológica en los momentos decisivos. A ello se sumó una zona media superada constantemente, sin capacidad de contención ni creatividad para construir jugadas.
Más allá del resultado, la derrota invita a una reflexión profunda sobre la preparación y la competitividad del fútbol nacional. En su primera participación, el 15 de Agosto fue eliminado en la primera ronda por el AS Otohó; esta vez, al menos, consiguió avanzar una fase. Es un avance modesto, pero que debe servir como base para construir un proyecto más sólido y ambicioso.
Competir en África exige más que entusiasmo. Se necesita planificación, estructura y continuidad. El 15 de Agosto tiene jugadores talentosos y una afición comprometida, pero mientras no se fortalezcan aspectos como la preparación táctica, la gestión deportiva y la experiencia internacional, el techo del equipo seguirá siendo bajo.
La eliminación duele, pero también enseña. Si el club logra asumir este revés como una oportunidad para crecer y profesionalizar su proyecto, el tropiezo en Sudáfrica podría convertirse en el punto de partida hacia una etapa más madura del fútbol ecuatoguineano en las competiciones continentales.



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