12.02.2026 - 10:01h
El fútbol nacional vuelve a quedarse en el punto de partida. La Federación Ecuatoguineana de Fútbol (FEGUIFUT) ha aplazado una vez más el inicio de la Liga Nacional de Fútbol de Guinea Ecuatorial (LIFGE) 2025/2026, confirmando una tendencia que empieza a convertirse en costumbre: la incapacidad de arrancar a tiempo. Lejos de tratarse de un simple retraso administrativo, la situación deja al descubierto carencias profundas en la planificación y en la gestión institucional.
El argumento técnico gira en torno a las exigencias del sistema de licencias de la Confederación Africana de Fútbol (CAF). Sin embargo, resulta legítimo preguntarse por qué, si las normativas son conocidas con antelación, la mayoría de los clubes no cuentan aún con las licencias reglamentarias a pocos días del inicio previsto. La implementación de estándares más rigurosos es positiva y necesaria, pero la improvisación no puede ser el método para alcanzarlos.
Más preocupante aún es el silencio institucional, aunque se ha anunciado una rueda de prensa para hoy miércoles 12 de febrero. La ausencia de una comunicación oficial inmediata y detallada ha alimentado la incertidumbre en clubes, jugadores, patrocinadores y aficionados. En el deporte profesional moderno, la transparencia no es un lujo, es una obligación. Cada día sin información clara erosiona la credibilidad de la competición y proyecta una imagen de desorganización que trasciende nuestras fronteras.
El contraste es difícil de ignorar: hace apenas días se celebró el sorteo oficial del calendario, generando expectativas y compromisos logísticos, para luego anunciar un nuevo aplazamiento. Esta secuencia evidencia una desconexión preocupante entre planificación y ejecución. Los equipos ya habían estructurado pretemporadas, contratos y presupuestos bajo un calendario que hoy vuelve a quedar en suspenso.
El problema no es exigir orden; el problema es exigirlo sin haber construido previamente las condiciones para cumplirlo. Si la mayoría de los clubes no alcanzan los requisitos, la pregunta no debería ser únicamente por qué fallan los clubes, sino qué acompañamiento real ha ofrecido la federación durante el proceso. Las licencias no pueden convertirse en un obstáculo de última hora, sino en el resultado de un trabajo sostenido y supervisado con antelación.
Este nuevo retraso debería marcar un antes y un después. La LIFGE necesita estabilidad, previsión y una gestión que anticipe problemas en lugar de reaccionar cuando ya es tarde. El fútbol ecuatoguineano no puede aspirar a competir en el plano continental mientras internamente sigue atrapado en ciclos de improvisación.
La FEGUIFUT está ante una oportunidad: asumir responsabilidades, comunicar con claridad y presentar un plan concreto con fechas, soluciones y garantías. De lo contrario, la Liga Nacional corre el riesgo de convertirse no solo en una competición aplazada, sino en un proyecto permanentemente postergado.


