27.04.2026 - 20:53h
Según el comunicado oficial del Gobierno, la residencia del jefe de la Defensa, ubicada en la base militar de Kati, en las afueras de Bamako, fue blanco el sábado de un atentado suicida con coche bomba perpetrado por el grupo Jama'at Nasr al-Islam wal Muslimin (JNIM), afiliado a Al Qaeda. El portavoz del Gobierno, el general Issa Ousmane Coulibaly, confirmó en televisión estatal que el general Camara "entabló un intercambio de disparos con los asaltantes, a algunos de los cuales consiguió neutralizar", antes de resultar herido de gravedad. Trasladado de urgencia al hospital, el ministro sucumbió a sus heridas.
El asesinato de Camara es el epicentro de una tormenta mayor. En el norte, los rebeldes han aprovechado el vacío de mando y la confusión para lanzar una ofensiva relámpago, tomando el control de localidades estratégicas que estaban bajo control del Ejército maliense. El asalto coordinado ha puesto en jaque incluso a los socios en materia de seguridad de la Junta, incluidas las fuerzas rusas desplegadas en el país de África Occidental, cuyas posiciones también fueron atacadas.
La residencia del jefe militar, situada en una zona de alta seguridad, no era un objetivo aleatorio. Fuentes anónimas citadas por la radio francesa RFI señalaron que, además del ministro, tres familiares murieron en la explosión y el posterior tiroteo.
Este doble golpe —el magnicidio en la capital, Bamako, y la insurrección armada en las provincias— representa el episodio de violencia más grave desde que la Junta militar tomó el poder, y evidencia la creciente coordinación entre los militantes vinculados al Estado Islámico y Al Qaeda con el histórico levantamiento separatista del norte. Mientras el Gobierno expresa sus condolencias y la cúpula militar intenta reorganizarse, el país se enfrenta a una fragmentación territorial que amenaza con desbordar la ya frágil estructura del Estado.




24.04.2026 | 17:29h