23.04.2026 - 23:17h
Ya parecía un caso olvidado, debido al eufórico recibimiento al Papa León XIV, finalmente el vicepresidente de la República, Teodoro Nguema Obiang Mangue, se ha pronunciado sobre la muerte del vicario general de la archidiócesis de Malabo, el padre Fortunato Nsue Esono, cuyo fallecimiento fue anunciado el pasado 17 de abril en circunstancias aún no esclarecidas.
El deceso del sacerdote, además párroco en en la parroquia del barrio Paraíso, se produjo apenas cuatro días antes de la prevista llegada del Papa León XIV al país, un hecho que ha incrementado la atención pública sobre el caso y las exigencias de transparencia.
Después de las palabras del papa en su última homilía en el estadio de Malabo antes de despedirse cuando clamó esclarecer las causas de la muerte del vicario y evitar conclusiones apresuradas, en la misma tarde de este jueves, Nguema Obiang en un mensaje difundido en su cuenta de X (antes Twitter), el vicepresidente expresó sus condolencias a la familia del pastor y a la comunidad cristiana, subrayando al mismo tiempo la necesidad de una investigación exhaustiva. Según indicó, los resultados preliminares del levantamiento del cadáver no han permitido determinar si se trató de una muerte natural.
“Dado que hasta el momento la investigación permanece inconclusa (...), el Gobierno prefiere realizar una investigación a fondo para determinar las causas de su fallecimiento”, afirmó.
De acuerdo a esta situación de incertidumbre, Nguema Obiang Mangue ha decidido además, conservar el cuerpo sin vida del sacerdote para la realización de una autopsia completa, una medida que busca esclarecer definitivamente las circunstancias del fallecimiento. En consecuencia, el padre Fortunato Nsue no será sepultado hasta que se determine si su muerte fue natural o producto de un acto violento.
Este pronunciamiento llega días después de que el propio vicepresidente criticara públicamente la ineficacia del sistema judicial, lo que sitúa este caso como una prueba clave del compromiso del Estado con la justicia y la rendición de cuentas.
La muerte del Padre Fortunato ha generado inquietud tanto en la comunidad eclesiástica como en la sociedad en general, que permanece a la espera de resultados concluyentes por parte de las autoridades.



