28.05.2026 - 14:08h
Por: Angela Mbang Ncogo Nsa
Profesora de la Universidad Nacional de Guinea Ecuatorial. Ingeniera de Minas, Máster en Gestión de Desastres y doctoranda en Gestión de Proyectos.
Guinea Ecuatorial continúa reaccionando a las tragedias cuando ya es demasiado tarde. Explosiones, incendios y accidentes registrados en los últimos años han dejado una pregunta preocupante: ¿estamos realmente preparados para enfrentar una gran emergencia nacional?
El problema no es únicamente la existencia de tragedias. También preocupa la costumbre de ignorar los riesgos hasta que se pierden vidas humanas. Muchas personas suelen decir: “aquí nunca pasa nada”. Sin embargo, conocer los riesgos no significa vivir con miedo, sino aprender a protegerse.
La cultura del conocimiento del riesgo consiste en comprender las amenazas presentes en nuestro entorno, conocer sus consecuencias y saber cómo actuar antes, durante y después de una emergencia. Se trata de una herramienta esencial para reducir daños y salvar vidas.
Los especialistas en gestión de emergencias recuerdan que ninguna tragedia se resuelve únicamente cuando ocurre. La diferencia entre una emergencia controlada y una catástrofe desbordada depende, en gran medida, del nivel de preparación de la sociedad.
La gestión de emergencias se divide en tres etapas fundamentales: antes, durante y después del desastre.
La primera etapa se centra en la prevención y la anticipación. Aquí entran medidas como la planificación urbana, los simulacros y la formación ciudadana. También incluye la identificación de zonas de peligro y la educación preventiva. El objetivo es preparar a la población para responder correctamente ante posibles amenazas.
La segunda etapa corresponde al momento de la emergencia. En esta fase se aplican los protocolos establecidos y se movilizan los recursos necesarios. Una población informada facilita enormemente el trabajo de los equipos de emergencia.
La tercera etapa llega después de la tragedia. En ella se reconstruyen infraestructuras, se investigan las causas y se brinda apoyo psicológico a las víctimas. Esta fase también permite aprender de los errores y fortalecer la capacidad de respuesta futura.
Los recientes acontecimientos registrados en Guinea Ecuatorial demuestran que todavía existen importantes debilidades en materia de prevención. Algunas tragedias habrían tenido menores consecuencias si hubiese existido una mayor preparación colectiva.
La tragedia de Acrópolis es uno de los ejemplos más recientes. Durante aquel suceso quedaron expuestos problemas de organización, desinformación y dificultades de evacuación. Situaciones como esta demuestran que la improvisación nunca es suficiente frente a una crisis.
Sin embargo, el debate va mucho más allá de los accidentes recientes. Guinea Ecuatorial convive con diversos riesgos naturales y urbanos que gran parte de la población desconoce.
Uno de los casos más evidentes es la isla de Bioko. Aunque muchos lo ignoran, la isla es de origen volcánico y cuenta con volcanes activos. La gran pregunta es: ¿qué nivel de conocimiento tiene la población sobre el riesgo volcánico? ¿Existen protocolos claros? ¿La ciudadanía sabe cómo actuar ante una posible emergencia?
Esperar a que ocurra una tragedia para empezar a prepararse sería un grave error. La prevención siempre será más efectiva que la reacción tardía.
El riesgo volcánico es solo un ejemplo. También existen amenazas como inundaciones, incendios, derrumbamientos y accidentes industriales. Todos ellos pueden provocar graves consecuencias si la población no está preparada.
A nivel internacional existen ejemplos positivos. Japón enfrenta terremotos, tsunamis y otros fenómenos naturales cada año. Aun así, el país ha logrado convertirse en un referente mundial en gestión de emergencias.
Esto ha sido posible gracias a sus sistemas de alerta temprana y a una población educada en prevención. La ciudadanía japonesa conoce los protocolos básicos y sabe cómo actuar en momentos críticos.
Guinea Ecuatorial necesita comenzar a construir esa misma cultura preventiva. Para lograrlo, las instituciones deben impulsar campañas permanentes de sensibilización y formación ciudadana.
El Comité Nacional de Emergencias, liderado por el Ministerio del Interior, podría desempeñar un papel fundamental. Los colegios, centros culturales y comunidades vecinales también deben involucrarse.
La prevención no puede seguir siendo un asunto exclusivo de especialistas. Debe convertirse en una responsabilidad colectiva.
La sociedad necesita entender que conocer el riesgo no atrae desgracias. Al contrario, el conocimiento reduce la vulnerabilidad y mejora la capacidad de respuesta.
Prepararse no es vivir con miedo. Es aprender a sobrevivir. Guinea Ecuatorial no puede seguir esperando la próxima tragedia para empezar a actuar.
Es momento de concienciar.
Es momento de educar.
Es momento de construir una sociedad preparada.
Es momento de abrazar la cultura del conocimiento del riesgo.



