21.07.2026 - 19:01h
No hay fórmulas mágicas detrás del éxito. Tampoco atajos. En la historia de la estudiante que ha obtenido la mejor calificación en la Selectividad de Guinea Ecuatorial, rama de Tecnología, el secreto tiene nombres sencillos: disciplina, sacrificio, organización y una familia que convirtió la educación en un valor cotidiano. Días después de que se publicara los resultados, habla para IMPERIO.
Su logro trasciende una nota. Representa la recompensa a meses de preparación rigurosa y demuestra que el talento alcanza su máximo potencial cuando se acompaña de perseverancia.
La joven aún confiesa que le cuesta asimilar la dimensión de lo conseguido.
"La verdad es que estaba y sigo estando sorprendida. No llegué a pensar que llegaría a tanto. Pero después estuve muy feliz y orgullosa de mí misma."
Lejos de la imagen del estudiante que improvisa en el último momento, su rutina respondía a una planificación estricta. Cada jornada comenzaba antes del amanecer.
Desde las seis hasta las ocho de la mañana dedicaba dos horas al estudio. Después de las actividades diarias retomaba la preparación entre las cuatro y las seis de la tarde. Cuatro horas diarias de concentración, sin perder de vista la importancia del descanso.
"Utilicé métodos de estudio como la esquematización y los resúmenes. Cada día estudiaba durante cuatro horas. Desde las seis de la mañana hasta las ocho, y por la tarde desde las cuatro hasta las seis. Aunque había veces en las que descansaba y despejaba la mente."
Su método demuestra que el rendimiento académico no depende únicamente de la cantidad de horas, sino de la calidad del estudio, la organización y el equilibrio emocional.
Pero detrás de esa disciplina existe también una historia familiar profundamente ligada a la enseñanza.
La joven reconoce que crecer junto a un padre que ha dedicado su vida a la educación marcó profundamente su manera de entender el estudio.
"Sí, creo que influyó de forma positiva. Crecer con un padre que ha dedicado toda su vida a la enseñanza me ha permitido valorar más la disciplina, la educación y entender la importancia del esfuerzo."
Ese ambiente convirtió los libros y el conocimiento en herramientas para construir el futuro, sembrando una cultura del esfuerzo que hoy encuentra su máxima recompensa.
La noticia de su resultado se propagó rápidamente entre familiares, amigos y conocidos. La alegría fue compartida.
"Todos se han puesto felices. Recibí muchas felicitaciones y pude notar el orgullo en ellas."
Más allá del reconocimiento, la joven mantiene intacta la humildad y la mirada puesta en el futuro. Su éxito no representa un punto de llegada, sino el comienzo de un proyecto de vida mucho más amplio.
"Aspiro a seguir aprendiendo, a seguir creciendo tanto profesional como personalmente. A especializarme en mi carrera, a tener un buen trabajo y a convertirme en una persona independiente."
En un momento en que Guinea Ecuatorial necesita fortalecer su capital humano, especialmente en áreas científicas y tecnológicas, historias como la suya adquieren un valor simbólico. Demuestran que el país dispone de jóvenes preparados para afrontar los desafíos de la innovación y el desarrollo si encuentran oportunidades para continuar formándose.
Sin embargo, quizá el rasgo que mejor define a esta estudiante no sea la nota obtenida, sino la generosidad con la que la interpreta. Lejos de convertirla en un motivo de superioridad, la utiliza para animar a quienes no alcanzaron el resultado esperado.
"Les diría a los que no han superado la prueba que no tienen que desanimarse, que ellos pueden. La nota no nos hace a nosotros; la nota solo es un número. Que no pierdan las esperanzas, todavía pueden y lo conseguirán."
También dedica un mensaje de serenidad a quienes afrontarán la Selectividad en próximas convocatorias.
"A los próximos les diría que no se dejen llevar por los nervios, que confíen en sus capacidades y que cada uno dé lo mejor. Que piensen que los exámenes de la Selectividad son como los exámenes normales que hacían en clase."
Su historia recuerda que la excelencia académica no nace de la casualidad. Es el resultado de cientos de madrugadas, de renuncias silenciosas, del respaldo de una familia que cree en la educación y de una voluntad firme de superarse. En un país que necesita referentes positivos para su juventud, la mejor nota de la Selectividad en la rama de Tecnología representa mucho más que una calificación excepcional: encarna la prueba de que el esfuerzo, cuando se sostiene con disciplina y esperanza, puede abrir las puertas de cualquier futuro.



